(Narra Lourdes)
Estaba hablando por teléfono con un viejo amigo de la
infancia en la puerta del restaurante cuando se acercó a mí una chica bastante
alta con el pelo rizado, llevaba un micrófono, una grabadora y detrás de ella
había un chico con una cámara de una cadena de televisión.
-Hola, me llamo Sofía y soy del programa de televisión “Wont”.
Hemos visto que te llevas bastante bien con los chicos de One Direction y queríamos
saber si podrías respondernos a unas preguntas, tranquila no será nada
importante solo unas preguntas sin importancia. Solo para entretener a las fans
y subir la audiencia.
-Bueno no se si debería…
-Venga por favor, son muy pocas y bastante rápidas. Ya
verás, solo es para informar un poco.
-Bueno, vale…
-Genial, vamos a aquel banco, así nos será más amena la
entrevista.
La reportera le hizo un gesto al cámara y los tres nos
fuimos hacía un banco del parque que había en frente de una tienda de cuadros.
No muy lejos del restaurante.
-Bueno, comencemos por tu nombre y tu edad.
-Me llamo Lourdes y bueno, no me gusta decir mi edad, lo
siento.
-Oh bueno, no pasa nada. A ver, Primera pregunta, ¿Hace
cuánto que conoces a los chicos?
-Ah pues desde hace un poco menos de una semana. No es mucho
tiempo, la verdad.
-y, ¿cómo los conociste?
- Bueno es una larga historia y un tanto rara. Vivo con
ellos.
Esa respuesta me la tendría que haber callado, la cara de la
chica fue un poema, había encontrado exclusiva, y tanto que sí. De esa metedura
mía de pata va a salir el próximo reportaje estrella en todas las revistas,
claro que no saldrá solo lo que he dicho, seguro que además se inventan algo
mucho más comprometido.
-¿Qué? Perdona, ¿has dicho que vives con ellos? ¿Por qué?
-Bueno es que… Lo
siento, creo que me estarán esperando y estoy perdiendo mucho tiempo. Con
permiso me voy a seguir con la comida. Adiós.
Me levanté del banco y mientras que caminaba hacía el
restaurante escuché la voz de un hombre detrás de mí.
-¡He tú, la de la camisa rosa!
-¿Yo?
-Si, toma.
El hombre me dio un lienzo en el que salía una escena
dibujada, un banco, un parque y una chica sentada en él… ¡Anda, si yo soy la
que está dibujada!
-¿Lo ha hecho usted? Es precioso, en serio. Muchísimas
gracias, me encanta, lo ha hecho genial.
-Bueno en realidad es obra de mi hijo, la ha visto sentada allí
y no ha podido resistirse y la ha tenido que enmarcar en el lienzo, le encanta
dibujar retratos y más a la gente que le llega al corazón. Como usted,
señorita.
El hombre señaló la tienda de cuadros que estaba en frente
del banco donde aun seguían sentados la reportera y el cámara. Dentro de la
tienda, entre cuadro y cuadro había un chico mirándonos fijamente. En cuanto
notó que le estábamos mirando se puso rojo. Me hizo gracia y le saludé. Él, aun
rojo, me saludó tímidamente. Le señalé el cuadro y le hice el gesto con el dedo
pulgar para arriba indicando m que me había gustado mucho el cuadro. Él me sonrió
y se adentró aun más en la tienda, perdiéndose entre un millón de lienzos.
Cuando me quise dar cuenta, el hombre también se había metido en la tienda así
que seguí caminando hacía el restaurante con el lienzo en la mano, sorprendida
por el inesperado regalo pero a la vez preocupada por el lío que se iba a
montar gracias a mí gran habilidad para decir cosas que me tendría que callar.

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